A nadie sorprende el dato de que los SMS cayeron en volumen en los últimos tiempos como consecuencia de sus sustitución por los sistemas de mensajería OTT, más particularmente Whatsapp. No obstante, cuando se le ponen números a esta tendencia, se toma conciencia de la real magnitud del fenómeno. La cantidad de SMS enviados pasaron de 36,4 mil millones en el primer trimestre de 2013 a 4,8 mil millones en igual período del 2018. En otras palabras, el volumen enviado a principio de año equivale al 13% del total enviado 5 años atrás.



Por supuesto, si hay un gran responsable de esta caída ese es Whatsapp, que gracias a la popularidad de los smartphones, que hoy alcanzan a unos 29 millones de líneas, logró establecerse como el estándar de facto de mensajería en el celular.

Esta caída también tuvo su correlación en los ingresos, los cuales se vieron compensados por un mayor consumo de datos (aunque para esto hicieron y hacen falta inversiones adicionales).

Conviene tener presente que si bien el incentivo inicial de Whatsapp vino por el lado de los costos (los SMS se cobraban por mensaje, mientras que Whatsapp consume una cantidad tan ínfima de datos que llegó a ser gratuito el grueso del tráfico que genera), más tarde le fue agregando otras funcionalidades que lo hicieron más atractivo, como cantidad de caracteres casi ilimitada, grupos, envíos de fotos, videos y mensajes de audios y hasta llamadas de voz y video. Cosa que fue sucediendo aun cuando los operadores comenzaron a meter tantos SMS en los abonos que hoy son prácticamente gratuitos. Pero ya la suerte del SMS estaba echada.

Hoy, las telcos y Google quieren recuperar el terreno perdido de la mano de RCS (Rich Communication Services), una propuesta que llega tarde y que no es universal. Difícilmente logre revivir el dominio que los SMS supieron tener. En menos de un lustro desapareció el que fuera quizás el negocio legal más lucrativo de la historia. Algunos lo recordarán con nostalgia…


Fuente: Enrique Carrier