No hay señal: la saga de los prófugos dejó al desnudo la gran crisis de infraestructura en las comunicaciones

12-01-2016 La búsqueda que realizaron las fuerzas policiales en áreas rurales tuvo dificultades extras a raíz de los problemas para comunicarse. Señales que se cortan, redes insuficientes, accesos a baja velocidad. En las emergencias, la falta de inversión es cuando más se hace sentir

Sin comunicaciones no hay seguridad. No hay intercambio, fracasan las negociaciones. Sin comunicaciones no hay nada o, mejor dicho, hay profundas limitaciones.
Esto quedó en evidencia en estos días, cuando se buscaba a los prófugos del triple crimen entre Buenos Aires y Santa Fe.

La persecución se dio en medio de una geografía absolutamente cambiante y que sólo puede ser abordada con eficiencia cuando las comunicaciones funcionan.
El operativo para dar con los prófugos demandó el accionar de fuerzas policiales -nacionales y provinciales- además de la intervención de organismos públicos.
Para coordinar los trabajos de búsqueda se necesita, luego de definir la estrategia, una manera de llevarla adelante. Y para eso se requiere de sistemas de comunicaciones adecuados.
Se precisan teléfonos móviles y conexiones a Internet que funcionen. Por lo visto en estos días, nuevamente quedaron al desnudo las fuertes falencias en materia de infraestructura de telecomunicaciones en la Argentina, aún en pleno despliegue de redes 4G.
Las crónicas dieron cuenta de la falta de señal en telefonía móvil en pueblos pequeños de las provincias, los cortes constantes cuando se trasladaban unidades policiales de un lugar a otro, aun cuando fueran por rutas reconocidas.
También, la falta de servicios de Internet de calidad en oficinas y dependencias públicas. Aun suponiendo que la estrategia de búsqueda hubiera sido impecable, el operativo siempre se habría encontrado con este tipo de obstáculos.
La base no está

Contar con una adecuada infraestructura de telecomunicaciones sigue siendo una materia pendiente en la Argentina.
Ni las millonarias inversiones realizadas desde la privatización de Entel a la fecha, incluyendo las licitaciones de las redes 3G y 4G, parecen alcanzar para cubrir el vasto territorio local y las diferentes necesidades.
Son aspectos que los gobiernos de todo el mundo saben que deben obligatoriamente tener previstos para resolver situaciones de urgencia, sean de seguridad, de catástrofe, de desastre natural o de alerta meteorológico, caso de accidentes, entre otros.
Basta recorrer cualquier tramo de la ruta 40 o de la 7 (a modo de simple ejemplo enunciativo) para advertir que la letra que más mostrará el display del teléfono móvil -no importa la marca ni el modelo- será la "E" de Edge.
La misma refiere a la tecnología intermedia entre la red 2G y la 3G. Es decir, poco y nada.
El 3G surgirá sólo en aquellos sitios en donde haya una densidad más o menos importante de habitantes. En tanto, el 4G en las ciudades en las que, a poco más de un año del inicio del despliegue, ya es obligatorio que esté.
Otro capítulo es cuando hay que adentrarse en los pueblos de las provincias. Tal vez sobre la ruta haya algo de señal móvil, pero una vez que se ingresó en algún camino alternativo, sendero, finca aledaña, o similar, otra vez se volverá a la "E".
Aquellos que quieran enviar o recibir un mensaje de Whatsapp, interactuar en otra red social o intentar consultar el mapa ingresando una dirección, difícilmente tengan suerte.
Lo mismo ocurre si se pretende usar las redes de banda ancha fijas.
La falta de competencia en las ciudades grandes -y ni hablar de las localidades más pequeñas- se ha traducido en conexiones con velocidades promedio que no pasan los 3MB, aunque se cobren a precios que corresponden a 10MB.
Sin embargo, para enfrentar situaciones como la de estos días, se requiere una velocidad idónea como para recibir un documento, un video, un mapa o cualquier otro contenido que exija un ancho de banda suficiente como para poder comunicar lo que en ese momento se necesita.
Lo que quedó demostrado en estos días, en las diferentes persecuciones, es que la infraestructura de telecomunicaciones fija y móvil de la Argentina:
- Resulta escasa para responder a la demanda de servicios de los usuarios.
- No es lo suficientemente robusta como para soportar las exigencias que necesitan los organismos públicos.
Esto cobra particular relevancia en situaciones de emergencia y persecuciones. Fuera de este análisis queda el funcionamiento de las cámaras de seguridad y de otros dispositivos que puedan montarse sobre la red.
Porque, más allá de que estos aparatos funcionen o no -como también quedó demostrado en las coberturas periodísticas- si la red no es homogénea, entonces pega saltos para pasar de una tecnología a otra y entonces se corta.
Es decir, el servicio funciona lento precisamente allí donde hay necesidad (más allá de la cantidad de personas que vivan en un lugar) o no hay posibilidades de comunicación. Tampoco de coordinación, de efectividad, de seguimiento, de monitoreo o de rapidez para actuar.
Las telecomunicaciones cobran particular importancia en casos en los que el accionar de las fuerzas de seguridad es seguido muy de cerca por una amplia audiencia que, dicho sea de paso, luego saca conclusiones sobre su eficiencia.
En este contexto, las redes deben tener presencia adecuada y una mínima robustez en todos los rincones geográficos del país. Porque, en caso de emergencia natural o de urgencia, son las que permitirán la ejecución de los planes que se hayan puesto en marcha.
Es necesario definir una base robusta en materia de infraestructura de red que alcance a todo el territorio argentino.
Si esa "base está", dotar de más capacidad a una parte de la red en situaciones de emergencia se hace mucho más fácil. Y se podrá resolver lo que hubiere que solucionar en ese momento, como por ejemplo las comunicaciones eficientes para apresar a delincuentes.
Si la "base está", un equipo de fútbol puede ganar un campeonato. Si se fuerza esta comparación y se lleva al terreno de la infraestructura, en este caso el estado de las telecomunicaciones, un país sin redes (móviles y fijas) robustas no podrá resolver con eficiencia, ni con eficacia, ninguna situación. Ni las más cotidianas, ni las más insólitas, ni las más urgentes.

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