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Espacio de teletrabajo

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A pesar de ser un año que la mayoría quisiera que pase pronto, el 2020 quedará sin dudas como un punto de inflexión para el teletrabajo. Tanto a nivel global como en Argentina, donde un 57% de los usuarios de Internet se encontraron trabajando desde sus hogares, para muchos, por primera vez.

Esta migración en masa de gente trabajando en oficinas hacia sus hogares tuvo sin dudas implicancias tecnológicas. Hoy hay mayores demandas en el acceso a Internet desde el hogar, y no sólo por haber más personas conectadas simultáneamente. También en materia de usos, donde al entretenimiento y la socialización se agregan aquellos que requieren de una mayor capacidad de subida (o upstream), principalmente de aplicaciones de videollamadas (donde Zoom se convirtió en un sinónimo de cuarentena, al ser utilizado por dos tercios de quienes teletrabajan) así como de aplicaciones en la nube.

También el aislamiento generó una mayor demanda por computadoras personales. Considerando que en promedio hay 2,5 personas por PC por hogar conectado, el teletrabajo sumado a la teleeducación hace que prácticamente todos los integrantes de un hogar requieran una PC para llevar adelante sus actividades. Este déficit de computadoras fue lo que explicó el pico de demanda que hubo en las semanas iniciales del aislamiento, provocando un total desabastecimiento que recién ahora se está revirtiendo.

Otro factor importante para el trabajo en casa tiene que ver con la infraestructura edilicia, la cual no siempre resulta favorable para esta tarea. Apenas poco más de la mitad (54%) cuenta con un espacio privado para trabajar, lejos de distracciones. En el extremo opuesto, un 37% trabaja en una mesa compartida con el resto del hogar. En este sentido, se observa que centennials y millennials son más flexibles a la hora de elegir el lugar de trabajo, mostrando una mayor propensión a hacerlo en cualquier lugar libre de su hogar que los usuarios de mayor edad. Esto surge del informe “La extensión del hogar por la pandemia: trabajo, capacitación y educación a distancia”, publicado por Carrier y Asociados.


El contexto lleva a afirmar que habrá actividades remotas que seguirán vigentes, más allá de la flexibilización del aislamiento. Se mantendrán, seguramente, las restricciones al transporte público (un importante foco de contagios por el hacinamiento durante varios minutos que puede durar un viaje en un ambiente cerrado). Así, habrá mucha gente que seguirá trabajando desde sus hogares, algunos en tiempo completo, otros mechándolo con su asistencia a las instalaciones.

Ante esta perspectiva, el déficit informático será más fácil de resolver en la medida en que se restablezca el normal aprovisionamiento de PC, lo cual sin dudas será una buena oportunidad tanto para fabricantes locales como importadores. No obstante, el déficit desde el punto de vista edilicio implica una limitación más compleja de abordar ya que tiene características más estructurales, por lo que los costos de resolver esta situación son marcadamente mayores. Porque no sólo de tecnología vive el teletrabajo.

Enrique Carrier

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